Los lobos aúllan con dolor la pérdida de los suyos
y yo te doy alas con que escaparte de mí.
Sin embargo, combino mejor
calcetines y zapatos ahora,
menstrúo más libremente,
me siento más cómoda.
Y creo en ciertas cosas:
mundos creados sin pensar en nosotros,
meses y años brillando en tus ojos
durante las pausas de mi delirio.
¿Qué te puedo decir?
Yo, que por ti sólo puedo amar
países salvajes de veranos intensos.
Los cromosomas de mi composición química
me convencen de que hay momentos
en que manos y bocas no mienten.
F. Berg
